Triple Balance

La RAE define a la empresa como una unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios lucrativos. Esta forma de entender la empresa desde una sola dimensión, la puramente productiva, se debe a la visión que ha imperado en la economía desde la Revolución Industrial y la extensión posterior del capitalismo. Si el mercado es solamente un juego entre la demanda y la oferta de un producto o servicio, la empresa es su instrumento principal, y tiene que ser lo más eficiente posible para satisfacer la demanda y extraer el mayor beneficio económico posible de la actividad.

Esta es una forma de entender la vida propia del pasado. Hoy, es imposible pensar que la empresa es solo una forma de producir y que la maximización del beneficio es su leitmotiv. Primero, porque la empresa, sea más grande o más pequeña, es un grupo de personas que se relacionan diariamente y que tienen sueños, problemas, circunstancias, necesidades, etc. No podemos obviar a las personas que trabajan en las empresas como se hacía antes. No somos capital humano, ni un recurso más: damos el sentido a las empresas. Además, no solo importan las personas que creamos, dirigimos o trabajamos en las empresas, también las que se relacionan con ellas: clientes, proveedores, colaboradores, etc.

Segundo, porque en esa definición tradicional de la empresa, se olvidó un elemento esencial: el entorno. En el siglo XIX los recursos naturales no entraban en la fórmula que definía la economía: todo se reducía a una relación entre el capital invertido, los recursos humanos y las materias primas. Nadie pensó que éstas podrían ser cada vez más escasas, más inaccesibles, o que supondrían destrozos en términos de contaminación, destrucción del paisaje y emisiones de gases de efecto invernadero, que estamos pagando y pagaremos durante las próximas décadas.

La reacción tradicional ante esta concepción anticuada de la empresa ha sido de rechazo por parte de mucha gente. Algunos han optado por entender la empresa como un sitio de conflicto entre directivos y trabajadores; otros, por un medio inevitable para “ganarse la vida”; y los menos, han ido zigzagueando para vivir al margen del entorno empresarial. Pero ninguna de estas estrategias ha reconocido el papel fundamental que tienen las empresas en la construcción de tejido socioeconómico y en la cohesión social. Es inimaginable pensar en una sociedad avanzada sin empresas modernas que asuman su papel vertebrador y que le den sentido a lo que producen y, sobre todo, a cómo lo producen.

Y esto tiene que traducirse en una forma diferente de medir la salud de la empresa. Hasta ahora, la herramienta ideal era el Balance Económico. Con él se puede valorar la empresa en términos globales, sabiendo los fondos propios, las deudas a corto y a largo plazo, la proporción de gastos en fijos y variables, etc., de modo que no sea un simple análisis de coyuntura. Sin embargo, no es suficiente.

 

Las certificaciones de Calidad o de Medio Ambiente, la Responsabilidad Social Empresarial, las políticas de conciliación o de igualdad, son reflejo de que el concepto de empresa no puede responder a criterios de siglos pasados. Han sido pasos muy importantes en el camino hacia una nueva empresa, pero ya han quedado superados por una visión más profunda: las empresas no solo no deben minimizar su impacto social y ambiental, sino que deben contribuir a impactar en positivo.

Y para ello, es fundamental saber evaluar ese impacto, incorporar un Balance Social y un Balance Ecológico, con indicadores sencillos, veraces y prácticos, que nos permitan medir la salud de nuestras empresa y planificar la gestión. Esta es la intención de SANNAS y de sus empresas asociadas. Promover la introducción de criterios y herramientas para que las empresas puedan medir su Triple Balance. Es un camino largo y difícil, pero apasionante. Y lo estamos recorriendo juntas, sin dogmatismos ni juicios, cada una a su ritmo y apoyándose en el resto, pero con la vocación de que en un futuro muy cercano podamos mostrarlo al mundo con la misma naturalidad con la que ahora mostramos nuestro balance económico.

Balance Económico

El que busca sostenibilidad financiera

Balance ecológico

Busca generar impacto positivo en el entorno

Balance social

Busca generar impacto positivo en las personas